Publicidad:
Terra
La Coctelera

Me acuerdo

He encontrado varias listas similares en los blogs que, en vista de lo "ocupado" que estoy; he ido descubriendo.  Les comparto la mía, alguien mas se anima?

1.      Me acuerdo cuando todos lloramos al oír la violineta del tío Juan Luis tocando Las Golondrinas mientras los albañiles terminaban de cerrar el nicho del abuelo Sali.

2.      Me acuerdo que a sus 3 o 4 años el Víctor salía corriendo a la calle cada vez que alguien abría la puerta y una vez se ensartó un chaye en la pierna.

3.      Me acuerdo de los preparativos para el viaje de Semana Santa a la finca de Amatitlán, incluyendo quién se iba en el primero o en el segundo viaje en el picop Datsun blanco.

4.      Me acuerdo de los pujiditos que hacía la abuela Cony cuando hablaba uno con ella, y su voz un tanto ronca.

5.      Me acuerdo de Chofo en una reunión en la casa de los abuelos "Atórense de pastel patojos así no comen helado!".

6.      Me acuerdo del patio interior de la casa de los abuelos lleno de flores y plantas.

7.      Me acuerdo que Chema nos dejaba jugar con los chorritos de su carro, a los que daba vuelta y con los que mojaba al Chatío y Gerardo.

8.      Me acuerdo de un juego de la serie mundial de béisbol que estábamos viendo con el Chatío, que hasta se nos hizo de madrugada y del "Ave María puríiiisima!" de Abdón Rodríguez Zea después de un jonrón.

9.      Me acuerdo de la última noche que pasamos en la finca, en la que salimos y vimos como 19 sapos y que un murciélago nos estaba atacando.

10.  Me acuerdo de Jorge corriendo con la Osa cuando estaban construyendo el paso a desnivel de Tecún Umán: "Osa, 4x4!"

11.  Me acuerdo de la cara de la Tiury cuando vió a mi mamá postrada en la cama del IGSS, un mes después del accidente.

12.  Me acuerdo del hijo de puta doctor del intensivo -luego del accidente- que le dijo al Chatío respecto a mi mamá: "eso si pasa la noche usted..." o algo así.

13.  Me acuerdo de los ojitos que le pintaron con lápiz labial a la mancha de humedad que se hizo en el cielo falso del cuarto de la Cony en la casa de la zona 8.

14.  Me acuerdo de cuando fuimos a cazar vampiros con la Cony en la granja de Chimaltenango.

15.  Me acuerdo del olor de mi papá cuando llegaba por las noches del trabajo y nosotros abrazándolo: "Papi!, qué nos trajiste?"

16.  Me acuerdo del Héctor metiéndose en el mosh del concierto de Héroes y que yo me quedé preocupado.

17.  Me acuerdo de los viajes al interior de varios días que hicimos con el Héctor, y que nos acompañaron alternativamente la Tiury, Gerardo, Jorge y mi papá.

18.  Me acuerdo de la ida en camioneta al IGSS de la zona 6 para visitar a la Carlita que recién había dado a luz a la María.

19.  Me acuerdo cuando le robaron su gorra a Jorge en una camioneta 36, cuando íbamos a un cine del centro.

20.  Me acuerdo que Gerardo se ponía morado de tanto llorar de bravo cuando era bebé.

21.  Me acuerdo cuando me corté la mano derecha haciendo prácticas de mecánica en Divemo.

22.  Me acuerdo de mi mamá preguntándome la lección de Spelling, a pesar que no sabía inglés.

23.  Me acuerdo de la Trix cuando nos fuimos al árbol Gallo y nos regañaron al regresar.

24.  Me acuerdo de la Tiury rodando peligrosamente barranco abajo cuando fuimos a "las pocitas" cerca de la casa de San Francisco con la Cony.

25.  Me acuerdo sujetándome de Byron en la piscina redonda de Ciudad Vieja.

26.  Me acuerdo de Paco Barillas sin camisa viendo Cristina en la casa de la zona 8.

27.  Me acuerdo de Juanfra cuando jugábamos béisbol solo entre los dos, contando carreras en base a los lanzamientos que nos hacíamos en Villasol.

28.  Me acuerdo que una tarde de invierno hicimos una "presa" en la calle de tierra frente a la casa para que no pasara el agua, y que varios patojos nos ayudaron.

29.  Me acuerdo de Posi jugando fut en la calle, y cuando mi abuelita le echó metafen porque se había raspado.

30.  Me acuerdo de la "papaya voladora".

31.  Me acuerdo que de pequeño me daba vasca ver el verdor de la grama.

32.  Me acuerdo de mi papá tomándonos de la mano y jalándonos en la arena a la Carlita y a mí la primera vez que fuimos al puerto.

33.  Me acuerdo que ir a un McDonalds era lo máximo y que mi papá me invitaba para mi cumpleaños.

34.  Me acuerdo que cuando mi mamá nos llevaba a la misa de 7 de la noche en Tívoli nos dormíamos en primera fila.

35.  Me acuerdo que el Topoío era el mejor jugando beis en la calle y que yo tiraba el bate sin ninguna precaución cada vez que le pegaba a la bola.

36.  Me acuerdo jugando fut con Miguelito y Luis Poroj en la calle.

37.  Me acuerdo de los lobatos y que muchas de las veces que salíamos de excursión en las noches yo caminaba dormido y amanecía fuera de mi petate y en otro lado.

38.  Me acuerdo de una vez que fuimos en el carro de Julio Izaguirre a la finca, compramos pizza y vimos cómo se venía la lluvia sobre el lago y corrimos para refugiarnos bajo el mirador de la casa.

39.  Me acuerdo de SuperCan, Mazinger-Z y el Príncipe Dinosaurio.

40.  Me acuerdo de la tristeza cuando pasaban "El desfile de las rosas" porque se habían acabado las vacaciones y ya venían las clases.

41.  Me acuerdo de los fogarones que hacíamos juntando nuestra basura, la de la abuela, llantas, monte y los cuadernos de ese año para el "Día del Diablo".

42.  Me acuerdo pelando garbanzos la última Semana Santa en la finca.

43.  Me acuerdo del abuelo Sali llorando desconsolado e inclinándose para darle un beso en la frente al cuerpo de Mariíta, recién fallecida.

44.  Me acuerdo de la Maruquita y que le encantaba ir a ver los miquitos de La Aurora.

45.  Me acuerdo que mis papás oían la radio "La voz del Hogar".

46.  Me acuerdo de la gasolinera que me regalaron, y que a lo largo de nuestras infancias todos jugamos con ella.

47.  Me acuerdo que al Chatío le encantaba ver pasar el tren frente a la casa.

48.  Me acuerdo que mi mamá era una máquina para jugar capirucho.

49.  Me acuerdo los helados de bolsita que vendía mi abuela Gloria.

50.  Me acuerdo que a mi mamá le encantaba Robert Redford y a mi abuelita Los Thundercats.

51.  Me acuerdo que la tía Marti me prestaba su tocadiscos para oír los discos de Pinocho y Manuelita la Tortuga, Timbiriche y el de éxitos de los 80s.

52.  Me acuerdo cuando fuimos con Chema a la casa de don Yemo en El Amatillo.

53.  Me acuerdo de los restaurantes Chévere.

54.  Me acuerdo del robot Boss de Mazinger-Z que el Chatío dibujó en la casa de don Julián en la zona 8.

55.  Me acuerdo de mis chistes de "La Zorra y el Cuervo" y "Chip & Dale" de Editorial Novaro.

56.  Me acuerdo del restaurante Hardee's que estaba a la par del Centro Comercial zona 4 donde ahora hay un Pollo Campero.

57.  Me acuerdo que una vez íbamos con la Carlita en el sillón de atrás del Taunus, haciéndoles caras a una pareja que iba en el carro de atrás.

58.  Me acuerdo del olor a plástico del Taunus.

59.  Me acuerdo la primera vez que me emborraché con el Pupilo y los de Tikal Futura, y que me comí un chocolate Snickers que después vomité.

60.  Me acuerdo del eclipse que vimos en el 91 en la casa de Don Marino en el 3er piso, 2 días antes que naciera Héctor.

61.  Me acuerdo que en la escuela de párvulos de la Sta Cecilia molestábamos a una tal "Lupita".

62.  Me acuerdo del Jerson llorando frente a mi escritorio: "Si yo trabajo, Paco!"

63.  Me acuerdo de las huecadas y chingaderas del Mynor, Kerby, Devo y otros cuando trabajé en el banco.

64.  Me acuerdo de Sonia, a la que conocí en mi primer trabajo en la zapatería del mercado de la Terminal.

65.  Me acuerdo que una vez fuimos al INCA a invitar a las chavas a nuestra fiesta de aniversario en el Fischmann y que se me trabó la mochila en un pizarrón.

66.  Me recuerdo del bautizo de Ingeniería en la USAC y lo apestoso que regresé ese día a la casa.

67.  Me acuerdo de una vez que caminamos en la sexta de la zona 1 para apoyar al PAN y que pusimos banderas del partido en la casa.

68.  Me acuerdo del concierto de reencuentro de Bohemia que fuimos con Felipe en la Plaza de Toros.

69.  Me acuerdo cuando mi papá nos llevó a conocer el basurero de la zona 3 y que la gente se peleaba por la basura que llevábamos.

70.  Me acuerdo de Gerardo todo quemado en una de sus vueltas de Pana para Semana Santa.

71.  Me acuerdo de la anécdota de Víctor en una de las idas a la finca: "¿Víctor y tus zapatos?"  "No traje, me vine en ginas"

72.  Me acuerdo cuando Víctor estaba en la araña aprendiendo a caminar y se quitó completo el yeso que tenía en su bracito.

73.  Me acuerdo comiendo asado, plátano maduro y gallo pinto en una venta callejera con mi tío Juan Luis, en una de mis visitas a Nicaragua.

74.  Me acuerdo cuando nos escapábamos de la U con Juan, Mario y Beto y nos íbamos a echar las cervezas al Sport2001 en Las Américas.

75.  Me acuerdo que una vez bailamos con mi mamá en la casa de la Cony de Villasol.

76.  Me acuerdo un fin de curso en el colegio que fuimos a Mac Utatlán y jugando fut en la cancha que había atrás me golpée la cabeza y quedé desmayado durante un tiempo.

77.  Me acuerdo del anuncio del desodorante Limara, del navideño de Kelloggs ("Pobre amiguito, nadie debe pasar la navidad solo"), del navideño de B&B en la radio y el de Whisky Old Friend.

78.  Me acuerdo cuando había apagones programados por racionamiento todas las noches.

79.  Me recuerdo de Patzán tratando de enseñarme a manejar en su picop allá en el Fischmann.

80.  Me acuerdo estar en el estadio y oír -escéptico- que esa noche del partido Guatemala-Costa Rica habían muerto 2 personas.  Al final fueron como 82.

81.  Me acuerdo molestando por teléfono una noche en la casa de los abuelos con la Olguita y la Trix.

82.  Me acuerdo que en la casa de la zona 10, los domingos en la mañana me quedaba tirado leyendo los periódicos mientras llegaban mis hermanos.

83.  Me acuerdo viendo videos en el Canal 25 y de aquel presentador, Marcelo... ¿qué?

84.  Me acuerdo de haber visto Rambo 3 en los cines Plaza antes de cumplir 15 años.

85.  Me acuerdo que fuimos a ver Tiburón 2 y Rocky 3 a un cine en el centro y que entramos de primero porque me puse a llorar al sentir que me ahogaba entre tanta gente de las colas.

86.  Me acuerdo de las iguanas disecadas en el chalet de Richi en Amatitlán, y que yo siempre leía la reseña de la pelea de Alexis Argüello contra Aaron Pryor en una revista de boxeo que tenía.

87.  Me acuerdo de un viejo cerote de ojos claros que era el maestro de educación física en la Chavarría en 2º primaria y que nos pegaba en el estómago y nos sacaba el aire en clase.

88.  Me acuerdo que vimos la final del mundial de México 86 en la casa de Chema y que comimos coctel de camarón y después fuimos a jugar boliche a Bolerama.

89.  Me acuerdo que cuando nos comenzaron a dar dinero para gastar, eran 75 centavos y sólo el domingo y que me sentía fichudo.

90.  Me acuerdo cuando las tías de Mixco vivían en aquella casa en el segundo piso y que desde la terraza mirábamos la lucha libre que había justo enfrente.

91.  Me acuerdo almorzar cocido con rábano en la casa de la tía Lola en la 1º de Julio.

92.  Me acuerdo que una vez me quedé a dormir en Villasol donde la Cony y al otro día me tardé tanto en bañar que la Carol se tuvo que ir sin bañarse al colegio.

93.  Me acuerdo de las imágenes en la tele (¿Teleprensa?) cuando sacaban los cuerpos carbonizados de los campesinos de la Embajada de España en el 82.

94.  Me acuerdo de las películas porno que llevaban los del taller de Radio y Tv en el Fischmann.

95.  Me acuerdo de la máquina de escribir gigantesca que me prestó el abuelo y que yo llevaba con mucha vergüenza al colegio para las clases de meca.

96.  Me acuerdo que con la Carlita nos acostaban con pacha a ver Hulk en Canal 3 a las 6 de la tarde y a dormir.

97.  Me acuerdo del cuarto del abuelito Chente, de una maleta que tenía allí y de su sombrero.

98.  Me acuerdo del viaje que hicimos a El Salvador y que nos quedamos en la casa de la tía Ana Julia.

99.  Me acuerdo la primera vez que fuimos a un volcán (al de Agua) y que la mañana siguiente mi papá nos metió por un extravío y no alcanzamos la cumbre.

100.          Me acuerdo que en las fiestas familiares mis tíos contaban un montón de chistes y que se ponían tan a pija que al final se paraban pateando y maltratando entre ellos.

101.          Me acuerdo...

Nieve y amanecer

Ahora que me doy cuenta, fue hace exactamente dos meses. Por fin conocí la nieve. Puede que no te parezca algo extraordinario pero para un habitante de un país tropical no es algo de todos los días.

Recuerdo que en el avión iba preocupado por saber si llevaba suficiente protección para el frío. Y es que llevaba una mezcla interesante de ropa:

Una chumpa reversible prestada -bastante voluminosa, por cierto- y un sudadero gris que compré en un Mall de Miami. Una gorra negra Thinsulate que siempre me gustó porque la compré en un pequeño comercio cerca de Montmartre -y sabes que me encanta recordar Paris-. Ah y un par de guantes negros -algo gastados y con un agujero en el pulgar- que compré en el mercado central. Ya lo ves, una mezcla de orígenes bastante interesantes.

Pues te decía que iba preocupado por la intensidad del frío en Michigan. Claro que sabía que dentro de los edificios y casas no tendría problemas por la calefacción. Y que no podría estar yo tan mal preparado. Pero la expectativa de experimentar algo nuevo, el espíritu de descubrimiento, de ver el mundo de otra manera; me emocionaba bastante.

Mi preocupación se agravó porque al hacer la escala en Dallas y salir del avión por ese tubo metálico que te lleva al edificio del aeropuerto, sentí como entrar en una refri. Y eso que había oído decir claramente al piloto que la temperatura local era de 35 grados -en ese momento entendí que eran 35 grados Fahrenheit- así que Dallas estaba a 1 grado centígrado...

Luego de la escala, llegamos al aeropuerto cuando ya había anochecido y estaba nevando. Al carretear el avión tuve la primera estampa cercana del asunto: la pista cubierta de blanco y a través de la ventanilla pude ver dos aviones a los que estaban deshelándoles las alas -con aquellos camiones que bombean no se qué líquido anticongelante-.

Odio las sorpresas. No por sí mismas, sino por el poder que tienen de cambiar tus planes, de desordenarte las ideas y de hacerte improvisar. En fin, un tipo ordenado no es un tipo muy flexible. Así que como una persona ordenada, naturalmente llevaba la ropa de frío a mano.

Casi al salir del aeropuerto dejé mi maleta al lado de una banca, abrí mi maletín de mano y me puse la chumpa reversible sobre el sudadero. Decidí guardarme los guantes y la gorra en las bolsas de la chumpa y experimentar antes la intensidad del frío. Salí.

Al principio me sentí bastante cómodo, tosí una vez por al cambio brusco de temperatura en las vías respiratorias (y mientras estuve allí, siempre tosí una vez cuando salía al frío). Me paré cerca de una caseta de esas que hay para esperar dentro por si no soportas el frío. Yo haciéndome el valiente hasta que en eso pasa un tipo gordo en playera... "Este sí que está acostumbrado..."

En la espera pasaron varios buses (shuttles) de distintas empresas de renta de carros que te llevan a sus respectivas estaciones, pero no pasaba el mío. En eso se aproxima y yo le hago señas (me imaginé como que estaba parando la 101 en la Av. Reforma) pero la señora ni me vio y siguió de largo. Aaahh, la estación de Dollar está unos metros mas adelante! Corro y le grito pero sigue de largo... mejor decido ponerme los guantes y la gorra.

Al cabo de unos diez minutos llegó el siguiente bus, me subí y ya sentado me concentré en memorizar el camino para que fuera fácil -según yo- devolver el carro seis días después. Pero el piloto dio tantas vueltas que mejor abandoné la idea.

Ya superando el temor inicial por el frío, ahora mis preocupaciones eran dos: manejar en la carretera nevada y encontrar el hotel sin problemas. Me venían a la mente aquellos "amazing" videos que uno ve en la tele en las que los carros se chocan porque derrapan en la nieve... En eso llegamos a la estación y seguía nevando.

Al entrar la señora que estaba en el extremo izquierdo del mostrador me sonríe y me invita a acercarme. Saqué de mi bolsa el papel impreso con los detalles de la reserva pero ella solo me pide mi apellido, busca en la computadora y confirma que he reservado el Hyundai de no se qué modelo. Reservé el más pequeño pues es el más económico y para qué quiero mas.

Ella se empeña en sugerirme que rente el modelo siguiente -mas grande- debido a que la carretera está nevada y que ya le dije que jamás he manejado en esas condiciones (como siempre, yo dando detalles...). Pero como también es más caro amablemente declino su oferta.

Luego me ofrece el seguro (que ya había rechazado en la reserva online) y me aconseja tomarlo debido a las condiciones, mi inexperiencia, etc. Eso sí me deja pensando -no es lo mismo reservar en Guatemala que viendo las carreteras cubiertas de nieve- y ni modo, mas vale prevenir que lamentar. Total que entre el seguro y el GPS -éste sí lo había solicitado, vale su peso en oro- el precio de la renta casi se duplica. Las penas de ganar en quetzales y gastar en dólares.

La señora me asigna el siguiente modelo al Hyundai, un Chrysler PT Cruiser por el mismo precio "accidentalmente" según ella -prefiero pensar que le simpatizó mi inexperiencia en la nieve y mi sinceridad para rechazar el carro- y después de programar el GPS con la dirección del hotel y de yo pagar la renta; me dice que puedo recoger el carro en el lote equis.

Yo me recuerdo de inmediato que habrá que limpiarlo de la nieve y con cero experiencia para esto le respondo:

- I have to clean it, right?
- Yes you have to, sir
- Hmmm, but I don't know how to, can you help me?
- Sure, please wait ten minutes and we will help you

Menos mal... Al rato veo que sale ella misma con un cepillo y me dice "Wait here, sir". Y como yo pensé que iba a mandar a algún otro empleado; me da pena -y aparte quería aprender cómo era la cosa- así que agarro mis cosas y a correr con la maleta rodando en la nieve...

Cuando llego ella ya esta cepillando las puertas y limpiando los vidrios y cuando me ve me dice algo así como "Have you feel the snow? Grab it with your hands!" y recogió con su mano un poco de nieve del capó y me lo pone en las mías. Me robó una sonrisa pues estaba compartiendo mi curiosidad y alegría juguetona...

Al final me dió las llaves del carro y me pidió que lo encendiera para que calentara. Yo estaba henchido de emoción pues llegaba el momento de manejar; así que después de confundirnos un rato buscando cómo abrir el baúl para meter las maletas le pregunté su nombre: Dawn, "amanecer".

Lindo nombre que me recordó el de aquella otra mujer que me recibió en Estambul al llegar al aeropuerto; Ilknur, "la primera luz divina". Me agradó imaginarme protegido por un tipo de fuerza luminosa, especial y muy importante, femenina.

Le di a Dawn un fuerte abrazo de agradecimiento -que naturalmente ella no esperaba pero que le hizo sonreír-; me metí al carro, quité el freno de mano, puse el Drive y salí por donde pude confiando en no atascarme en la nieve.

Con el GPS programado tenía resuelto el problema de la ubicación del hotel, pero no fue tan fácil porque seguía nevando, lo que dificultaba un poco la visibilidad; y con esas condiciones yo iba a una velocidad tal vez demasiado prudente.

No sé si fue sugestión pero en una ocasión sentí que el carro derrapaba; y el GPS anunciando cruces súbitos al pasar bajo algunos puentes tampoco ayudaba. Mirando constantemente el reloj del carro preocupado porque ya iba bastante mas tarde de lo planeado, seguía las indicaciones constantes del aparato para dirigirme a mi destino.

La expectación por llegar crecía así como la alegría de tener la oportunidad de alimentar mi espíritu con nuevas experiencias; otra vez me sentí agradecido y muy contento de renovarme y de sentir un nuevo amanecer en mí. Otra vez, la reinvención.

Llegué al hotel una hora mas tarde, estacioné el carro en los lugares cercanos a la entrada, que extrañamente estaban vacíos -al día siguiente me daría cuenta que me había parqueado en el área para minusválidos-. Me puse los guantes, bajé del carro, tosí y bajo la fría nieve de Michigan saqué las maletas y me dirigí hacia el lobby. Entré.

David

Me dió mucho gusto encontrarme contigo hoy, viejo amigo.  Al principio no te reconocí –ahí sentado en tu banquito plástico con tu menuda estatura, tu indiferencia y fumando un cigarro (como casi todos aquí)-.

 

Pero talvez fue tu duro semblante o tu fruncido entrecejo el que te trajo de mi memoria.  O tu facha de alguien a quien ya no importa lo que otros piensen, despojado ya de muchas de las preocupaciones mundanas y quien simplemente hace lo que la vida le pide, no mas.

 

Te diré que fuiste un poco rudo al principio –pero siempre fuiste así-.  Veinte euros es mucho dinero.  Desde que te vi pensé que tu ayuda cambiaría mi visita al Palacio Topkapı, le iba a poner, como bien me lo dijiste después, la sal y la pimienta.  Entonces me decidí a regatearte el precio como es nuestra costumbre.

 

Después de un estira y encoge en que por un momento pensé en desistir, me alegró que finalmente cediste a mi oferta de YTL 30.00 con un indiferente “Acepto porque me entra pena de que no entiendas nada”.  Ya lo sabía, puedes ser así de directo.

 

Primero tu estampa –me recordabas uno de aquellos viejos sabios que se hacen respetar por el tiempo vivido y lo aprendido-, luego tu actitud de tutor indiferente aunque paternal, tu escasa estatura que contrastaba con la fuerza de tu carácter.  Y después tu conocimiento, el saberte dueño de tus dominios; tu orgullo por los tesoros ahí guardados; en fin un personaje en ti mismo.

 

Desde que entramos al palacio no desentonaste, cumpliste mis expectativas.  De hecho, incluso antes de entrar.  Me mostraste los tres sellos de la puerta del palacio –luego te explica su significado, pues tenemos solamente una hora y un poco mas para la visita-.

 

Luego fueron las grandes tinajas sembradas en el patio –ya me imaginaba yo, como típico turista, fotografiándolas sin tener la mínima idea de que esta era la forma en que los antiguos conservaban –enterrados- los perecederos, o el dinero (aunque estas en tinajas de bronce).  Después la representación otomana de “El Uno”, el valor artístico de los azulejos, los mosaicos…

 

Varias veces me dijiste: En este salón encontrarás esto y aquello, trata de verlo lo más rápido que te sea posible para continuar la visita, preocupado por el poco tiempo que teníamos disponible para apreciar mas tesoros históricos.

 

La recamara del Sultán –oro por todas partes-, la Sala del Tesoro Imperial –increíbles lujos más allá de mi comprensión (diamantes, rubíes y esmeraldas gigantescas, tronos, coronas), simplemente demasiado-.

 

Recuerdo particularmente la forma en que tomaste la mejilla de la joven guardia para que nos permitiera entrar al mirador al Bósforo: ya estaban cerrando y no sabré nunca que le dijiste que la hizo sonreír y ceder.  También tus recomendaciones para el cuarto de la circuncisión: Ve por las gradas y no te entretengas con la vista al canal, busca la puerta y entra rápido para ver el trabajo en los azulejos!  Y no te preocupes, puedes tomar todas las fotos que quieras hasta que llegue la seguridad…

 

Ya no pudimos entrar a la sala en donde esta el bastón de Mahoma y no recuerdo que reliquias de Alejandro Magno y el Bautista.  Pero como también me lo dijiste: te llevo como a un saltamontes, viendo esto y aquello.

 

Para mí, no hubo mejor forma de visitar el palacio, David.  Escuché cada una de tus palabras y te seguí como se sigue a un patriarca, a un experto, a una autoridad.  Pocas veces me he sentido así, abandonado a la fascinación de la sabiduría de años y una autoridad que simplemente no se puede poner en duda.

 

Creo que también ayudó que nuestra conversación fuera en Español –y en tu español bastante fluido-; la lengua primaria, la que después de todo fue con la que me habló mi madre por primera vez, la lengua con la cual me reconfortaba.  Y la cual se vuelve ahora un norte al cual mirar en este mar de vocablos ininteligibles.

 

Salimos del palacio al anochecer.  Te comenté por qué estaba en Estambul y te sorprendió un poco que estuviera viviendo en Üsküdar y con una local.  Hasta me diste información de los orígenes étnicos y el posible acento de mi anfitriona, seguidos de un discreto: Pero no le digas nada, eh?

 

En suma, me has regalado dos horas de sabiduría, de conocimiento y mejor aun, de autoconocimiento. 

 

Decidí acompañarte a recoger dos bancos plásticos que te llevarás a tu casa –preciadas posesiones de una vida simple: llegas al palacio a las 10:00, armas tu pequeño letrero: “Guía en Español – Guide en Francais”, te cuelgas otro en el cuello y te sientas en tu banco a fumar y esperar.  Te jubilaste hace unos años y ahora trabajas por tu cuenta.  Tus preocupaciones en el trabajo: que no te dañen los bancos mientras haces el tour, y brindarle al turista una visita enriquecedora.

 

Tomamos tus dos bancos rotos –me explicaste que el otro (el que esta en mejor estado) lo dejas recomendado, con una propina, con los guardias de la entrada- y bajamos la cuesta hacia el TRAM hablando de tu familia y de que te había gustado conocerme.

 

Al llegar a la calle, me preguntaste si iba por tu camino (vives cerca de Taksim, que es de donde venía yo hoy) y decidí no acompañarte.

 

Lo hice porque estaba sobrecogido por la emoción, por el sentimiento de haber encontrado –como pocas veces- aquella figura del abuelo que se me perdió cuando tenía siete u ocho años: al anciano sabio, fuerte, cariñoso -de una forma un tanto fría- y amante de la cultura.  Pero a la vez desgarbado, pobre y perdido en esta vida.  Aunque eso si, viviendo a un nivel, en un estadío mas alto que el resto de nosotros.

 

Simplemente no quise que la frágil fantasía que estaba viviendo se rompiera por cualquier motivo y la realidad me estropeara el momento.  Por eso decidí no acompañarte.

 

Bajaste tu bolsa plástica con tus cosas, te devolví tus dos bancos y estrechaste mi mano firmemente; entonces bajé un poco la cabeza y te dije: Muchas gracias David; muchas gracias y mucho gusto.

 

Mientras caminábamos en sentido contrario, no supe que hacer con ese nudo en la garganta.  Solo atiné volver a verte mientras te dirigías lento, pequeño y frágil hacia la estación, perdiéndote entre la gente.

 

Adiós David, que tu dios bendiga tus pasos.  Adiós abuelo, te extraño mucho...


¡Todo sobre Amor y Sexo!
La guía completa para tu vida en Mujer de Hoy:

http://mujerdehoy.telemundo.yahoo.com/

Turco basico en 15 lecciones

Çikiş

Salida.   Primera palabra que aprendí en turco.

 

Digitürk

DirecTV turca

 

Ezan

Llamada a orar, 5 veces al día.  Omnipresente a traes de los altavoces de las mezquitas.  Impresionan sus matices que recuerdan costumbres milenarias y sagradas.

 

Hamam

Baño turco, muy comunes aquí (obvio).  Espero ir hoy o mañana para compartir la experiencia.  Llevaré mi propia toalla, usaré el jabón que me regalaron y abriré toda mi curiosidad a la experiencia.

 

Kahvalti

Huevos estrellados, rodajas de chorizo con especias, quesos de 3 variedades distintas, aceitunas, pan tipo baguette con jalea, te, uvas… ¿Qué mas se puede pedir para el desayuno?

 

Literalmente “algo que hacer antes del café”…   no cabe duda que a los turcos les encanto el café cuando lo conocieron.

 

Lütfen

Por favor

 

Müslūman

De todo tipo, corriente, color y costumbres.  Es algo como los católicos, hay fundamentalistas, moderados, liberales, etc.  Esto significa que no se ve a todos corriendo a la mezquita en cada ezan, ni que las mujeres llevan todas la burka.  Kamelya, por ejemplo, solo ayer fue la tercera vez que rezo en una mezquita –cuando visitamos Blue Mosque- y fuma y bebe como agnóstica.

 

Merhaba / Selam

Hola

 

Peştemal

Toalla para cubrirte las partes pudendas al estar en el baño turco

 

Raki

Licor turco con sabor a anís.  Se toma mezclado con agua –porque es muy fuerte- y hielo.  Menos mal no me dio goma.

 

Simit

Especie de dona pero mas grande y menos esponjosa –talvez pretzel? Con ajonjolí y un muy leve sabor dulce.  Bueno y omnipresente en la calle -como nuestros shucos-.

 

Teşekkür ederim / Sağol

Muchas gracias / Gracias

 

Türk kahvesi

Café Turco, espesísimo y parecido en tamaño a un espresso, pero con mejor sabor.

 

Umut / Ümit

Esperanza

 

Yeni

Nuevo, nueva


Premios MTV 2008
¡En exclusiva! Fotos, nominados, videos, y mucho más!br>Mira aquí http://mtvla.yahoo.com/

Akbil

Está cayendo la noche en Estambul y estoy sentado en una mesa fuera del café BUHARA, en el sector de Çemberlitaş (Chemberlitash), en la parte europea de la ciudad.

 

Pedí un kebap mixto –por una parte, no lograba decidirme con el menú y por otra así podré probar varias cosas a la vez-.  Y una cerveza grande (Efes es la marca local).

 

Hoy fue la primera vez que salí por mi cuenta a Estambul, pues ayer Kamelya me trajo a conocer la ruta y anduvimos juntos por la tarde.  Y aunque me ayudó mucho para la compra de ciertos souvenirs –especialmente para regatear los precios-, ya me hacía falta aventurar por mi mismo, tomar diferentes caminos solo por tomarlos (nomás porque si) y ver que encontrás del otro lado.

 

Y no depender de nadie.  A pesar de la amable ayuda y cuidados que me han prodigado, eso es a la vez como una pequeña cadena que no te permite tomar decisiones propias.  Y te corta la libertad de hacer lo que querrás e ir a donde querrás.

 

Como anoche, que jugaba el Fenerbahçe contra el Dynamo de Kiev por la Champions League, justo aquí.  Y cuando me enteré me entusiasmé pues no todos los días se puede ver un partido de la Champions en el “infierno turco” (bueno, me parece que realmente llaman así al estadio del Galatasaray –otro equipo grande de Estambul-) pero se oye bien en el escrito.

 

Mi anfitriona iba a visitar una amiga –que finalmente llegó a la casa- y yo le pregunté:

-          Kamelya, how possible is for me to go to the stadium?

 

Se me quedó mirando y luego me dijo:

-          That will be dangerous, you can be lost or there could be violence…

 

Yo me quedé pensando que no podía ser mas malo que uno de aquellos partidos rojos-cremas del fut nacional, pero total que no pude ir.  Y pensé también que a lo mejor no me convenía y que no todas las veces se puede hacer lo que uno quiere.  Igual ahora que lo recuerdo, me quedé viendo el partido en la tele y fue un empate 0-0.  Me hubiera aburrido.

 

Decía pues que estoy sentado en una mesa sobre la acera, rodeado de algunas macetas con arbolitos, aproximadamente a tres cuadras de la avenida principal (que es mi referencia para volver).

 

Todavía no se a que hora volveré a Üsküdar –las ventajas de la autonomía- pero me acabo de recordar de ver los horarios del ferry, tomando en cuenta que hoy es feriado (Ah, menos mal el último sale a las 22:00).

 

Porque para venir aquí, hay que bajar la calle que te lleva al “centro” de Üsküdar –donde están las estaciones de bus y de ferry-.  De ahí, tomás el ferry hacia Eminönü (es preferible porque si vas en bus por los puentes -hay dos, Boğaziçi koprūsŭ y Fatih koprūsŭ- que conectan las partes europea y asiática de Estambul; generalmente te vas a tardar mucho tiempo porque están muy transitados).

 

Luego de bajarte del ferry, se camina hacia la estación del TRAM (tren de superficie que en alguna medida recuerda al transmetro –aunque este si es un tren-) pero la diferencia es su recorrido que en Guatemala sería como que pasara justo sobre la sexta avenida… así de cerca de los transeúntes).

 

Ya en el TRAM es fácil, luego de tres estaciones te bajas y ya estas en Sultanhamet, que es el sector donde esta Aya Sofya, la Blue Mosque, el Palacio de Topkapi –o sea, las principales atracciones turísticas-.

 

Para moverse en esos medios –ferry, TRAM- lo mejor es comprar un akbil (akilli – clever; bilet – ticket: smart ticket) que es una especie de llavero electrónico al que se le puede acreditar dinero y lo va debitando automáticamente cada vez que lo pegás a los molinetes de acceso.  Es muy conveniente y me imagino que algo así van a implementar (o deberían hacerlo) en Guate para evitar el uso de efectivo en los buses.

 

La compra del akbil?  Otra historia: mi anfitriona no usa de estos –prefiere andar en taxis pues ha hecho la elección de no comprar carro- y como hoy iba a andar solo lo primero antes de salir fue revisar mi checklist mental: el número de celular de Kamelya, mi billetera, dinero (YTL – nuevas liras turcas), mi guía de Estambul del Lonely Planet, calcetines grises para que no se ensucien tanto al entrar a la Blue Mosque –sí; tenés que quitarte los zapatos.  Y las mujeres llevar velo si es a la hora del
rezo-.

 

Pues salí dispuesto a comprar dos cosas: una tarjeta de llamadas –tampoco tengo copia de la llave de la casa: el desamparo total! y esta me serviria para comunicarme con Kamelya y ponernos de acuerdo para regresar a la casa- y un akbil para poderme movilizar.

 

Después de dudar un poco en hacia donde encontrar el muelle desde el edificio de apartamentos donde vivo (el C-9) recordé una regla básica de supervivencia: "busca un lugar alto para tener un mejor panorama y ubicarte" –gracias a Bear Grylls y el programa “A prueba de todo”-.

 

Eso hice y efectivamente había tomado el camino correcto.  Bajé hacia el muelle –diez minutos- recorriendo la misma ruta que hicimos con Kamelya ayer.  Encontré los comercios de venta de revistas, chicles, periódicos –algo así como nuestros “chicleros” pero mas grande-; y a comprar la tarjeta telefónica:

 

Yo, viendo fijamente a la chica:

-          Telefon card?

 

Mientras hacía la señal del teléfono con la mano –el pulgar y el meñique extendidos-.  Entonces ella dice no se que en turco y me muestra dos tarjetas.  Asumo que una es para llamadas locales y otra para internacionales, y le digo:

-          For here!

 

señalando hacia el piso.  Me da una similar a las de Telgua de allá –ya las había olvidado- y busco el precio en la tarjeta pero solo veo 50.  Digo para mis adentros: "No puede ser!  Muy cara."  Y tratamos de comunicarnos con la chatía.  Finalmente ella me dice:

-          Three!

 

Y yo le muestro mis tres dedos de la mano derecha mientras ella asiente.  Pago YTL 4.00 y me devuelve 50 centavos y todos contentos.  Le pregunto si puedo usar en el ferry una tarjeta que me dejo Ilknur ayer y me dice “No. Buses” mientras señala la taquilla del ferry.

 

Voy para allá (pues entiendo que la tarjeta solo puede usarse en los buses) y luego de hacer la fila pido un token, por lo que la señorita me da una ficha y yo se la devuelvo diciendo:

-          No, akbil, akbil!

 

Ella me responde:

-          Bus station…

 

Aaah! Tengo que comprar el akbil en la estación de bus.

-          Ok, thank you!

 

…pero y ahora, donde chingados está la estación?

 

Y camino del lado más cercano al muelle y no veo ninguna taquilla, solo casetas de “chicleros” turcos.

 

Hasta que menos mal encuentro un policía al que le pregunto:

-          Do you speak English?

 

Y me bota la sensación de alivio con un “No, no…”

 

Pero entonces le muestro un billete de YTL 10.00 y le pregunto “akbil, akbil?”  Y me muestra donde esta la estación de bus.  Siiiiiiii…!!!  Estamos hechos!

 

Compro el sufrido akbil –YTL 3.00 de depósito y YTL 3.00 acreditados- y me dirijo al muelle hacia Eminönü.  Tomo fotos del ferry, de la vista al otro lado de la ciudad y me subo.  Una gran felicidad me invade pues acabo de arreglármelas solo.  Y otra sonrisa nace: Libre otra vez!  Ahora: a ver mundo…!


Premios MTV 2008
¡En exclusiva! Fotos, nominados, videos, y mucho más!br>Mira aquí http://mtvla.yahoo.com/

De viajes y pasos

¿Por que Estambul? Me hicieron esa pregunta algunas veces y en otras solo levantaron la ceja, omitiéndola. La verdad es que no se. Simplemente me llama la atención.

¿Es que vengo a perseguir un recuerdo, o a construirlo? Y mi respuesta mas sincera a por que estoy aquí es esta: “It has been in my mind”; como le respondí a Agnieska mientras cenábamos en ese restaurante italiano en Londres.

Tengo este recuerdo –durante mi infancia, hace veinte o veinticinco anos- en que el Canal 11 de la televisión anunciaba la película “El Expreso a Estambul”. Y no se que conexiones metafísicas se enlazaron en mi vida, pero esa frase me quedó grabada.

Ahora tengo un poco mas de referencias, se llamaba originalmente así al tren de larga distancia que unía Paris con Estambul –ah! me queda justo para mi viaje-. Y es
también una novela de Graham Greene –en la que se basó la película que anunciaban en la tele-.

De todas maneras, con esta explicación no encuentro justificación a mi curiosidad. Pero me fastidia y me estorba escarbar un poco más, así que simplemente me quedo con ella.

Lo que realmente me interesa es esa dicotomía: ¿Será que estoy aquí conducido por ese recuerdo, por ese instante de mi vida temprana –y que después las cosas se facilitaron para venir-? ¿O será que es al revés, y ese recuerdo se me grabó porque de alguna manera esa instancia temprana de mí ya sabía que iba a venir? Mmmm.

Recuerdo la historia de las Mil y una noches que contaba Pérez de Antón en uno de sus escritos. ¿O se la habrá inventado? Porque ahora que lo pienso, no la encontré cuando compré el libro –aunque vale decir que era una selección de historias- y al final de cuentas ni lo leí. La historia se llamaba "El viaje a El Cairo" y era en resumen esta:

En alguna parte de Oriente Medio había un pastor que vivía cerca de una fuente. Un día se quedó dormido y se le apareció en sueños un genio que le dijo que debía abandonar todo, pues encontraría su fortuna en El Cairo.

Después de pensarlo por varios días, el pastor decide partir, abandonarlo todo y dirigirse a El Cairo; con tan mala suerte que es confundido con un delincuente y es cruelmente golpeado y llevado a la cárcel.

Lamentándose de su suerte, un día termina hablando con otro prisionero, quien le pregunta por la razón de su arresto. Al contarle la historia del genio, el prisionero se echa a reír y le dice: “Nunca le hagas caso a ese genio, a mi me dijo que la fortuna estaba enterrada cerca de una fuente”.

A pesar de que inicialmente nuestro protagonista no le pone atención a lo conversado, tiempo después se da cuenta del mensaje. Luego de ser liberado regresa a
su pueblo y a la fuente, donde efectivamente encuentra la fortuna que el genio le había señalado a su compañero de celda.

Como te podrás dar cuenta, el pastor no hubiese podido encontrar su fortuna de no haber sido por los sinsabores que tuvo que pasar; a pesar de que la tenía tan cerca. Y menos si no hubiese tenido la valentía de abandonarlo todo para buscar nuevos horizontes, nuevas ilusiones: otra vez la reinvención.

Personalmente esta historia me habla también de que a veces el camino a tu fortuna –a tu destino, pues- puede tener un sinnúmero de paradas; y no necesariamente encontrarás la respuesta en una sola. O es como decir que cada viaje, cada experiencia, es una pista más (o una pieza mas) para ir armando una larga –pero muy valiosa y necesaria- respuesta.

Y entonces está la metáfora de la vida como un viaje. Y pienso que a lo mejor no son sólo los destinos los que me interesan, no son sólo los lugares que visito.

Porque la magia está encerrada en cada rincón, en cada etapa, en cada parada, en cada persona. Y mi destino (y el tuyo) no serán más que la suma de nuestras acciones, de nuestras decisiones: la suma de nuestros pasos.

¡Todo sobre Amor y Sexo!
La guía completa para tu vida en Mujer de Hoy:

http://mujerdehoy.telemundo.yahoo.com/

Expreso de Oriente

Ya estoy sentado en mi asiento 28B del avión que me llevará a Estambul. La cagué porque al ir en camino al aeropuerto en el metro me dije “Recordate de pedir aisle –pasillo- en el mostrador de la aerolínea-“.

Pero entre la búsqueda de la terminal 3, el sector C y averiguar si el mostrador de Turkish Airlines era solo para business o para cualquier localidad; y entre la presentación del pasaporte y la señorita amablemente diciéndome “There is some nice coffee in Guatemala; I used to work in Starbucks and we had some Guatemalan coffees” que francamente me agarró desprevenido, el recordatorio de pedir pasillo se fue simplemente por el “caño del olvido”.

Hoy desperté a las 4:20. Y a las 5:15. Y finalmente a las 6:20. Estaba un poco nervioso porque podía ser que no oyera el despertador y otro poco por estar en casa ajena, intentando pasar la mas desapercibido posible.

Llegué a la estación Victoria después de la ducha, la rasurada, el Metamucil y Lanzopral –valga la publicidad-, guardar lo que quedaba pendiente y salir a las 8:20 dándome cuenta que mis anfitriones ya habían salido de la casa. Y ni adiós les dije. Bueno, les dejé una nota porque igual voy a regresar a su “flat” en dos viernes; y mas me conviene mantener los “términos amistosos”.

De Victoria hay varias formas de llegar a Heathrow. Podes tomar la línea verde –District- que termina en Ealing Broadway. El problema con District es que tiene otras dos terminales: Richmond o Wimbledon, asi que tenés que estar atento. De Ealing Broadway te podes bajar en South Kensington, Earl’s Court o Acton Town –lo que yo hice- para tomar la línea azul –Picadilly- que termina en Heathrow Terminal 5 (pero con cuidado otra vez, Picadilly tiene también otra terminal: Uxsbridge).

Es más sencillo ver el mapa de las rutas del Underground –que por cierto veo y reviso varias veces antes de tomar el siguiente paso de la ruta- que leer esto. Aunque ya en el metro a veces se pierde uno entre Eastbound o Westbound –las terminales en uno u otro sentido de cada ruta-. Pero como sea, el metro es un sistema muy bueno, eficiente y rápido que buena falta nos hace. Aparte que es un elemento bastante “democratizador”, pues se ven personas de todos tipos, una mezcla interesante de diversidad (como los Skittles, de acuerdo con Naomi Klein en No Logo).

Llegas a Heathrow y las distancias que caminás –aunque sea en aquellas bandas sin fin que recuerdan a los supersónicos- y la cantidad de terminales, sectores y puertas te dan una idea de las dimensiones colosales del aeropuerto.

Después de dejar el maletín en el mostrador –decidí viajar solo con este y la mochila en lugar de la maleta grande (talvez mucho) que me prestaron-; desayune en un lugar de bagels, como para no olvidar el almuerzo semanal -al menos- en Guatemala. Me conecté 20 minutos al Internet y decidí entrar a la puerta de abordaje (la 9).

Lo primero que me llama la atención es el periódico –del cual no entiendo NADA- y que en la sala de espera hay muchos menos musulmanes (bueno, de hecho no hay ninguno) vestidos a la usanza tradicional, de acuerdo con nuestro estereotipo.

Y no es que lo estuviera esperando. Si hay algo de lo que hay que despojarte en estas situaciones es de estereotipos y prejuicios. Como el año pasado en Kenia, por ejemplo, cuando mi expectativa era un clima caluroso y estaba mas bien frío –o por lo menos fresco- y ventoso.

Al subir al avión, el viaje me arranca la primera sonrisa: Business esta cubierta de rosado!!! Las paredes, las cortinas, los asientos… Nunca había subido a un avión rosado… Mi sección en la clase económica –¿Dónde quedaron mis días en primera clase?- ya es mas “tradicional”, aunque las butacas sigan siendo verde con rosado.

Çikiş (‘chikish’ - salida): Primera palabra en turco que apunto. Ah! Y Salem (hola). Tuvalet (baño)… esa es importante; pero como se pronunciará? Ya le preguntaré a Kamelya.

Después de un viaje de tres horas, descender y hacer una fila considerable para la migración, bajar a saber que santos –o bueno, aquí aplicaría rezarle a Ala- para que no me enviaran de vuelta a pedir visa (menos mal no, los guatemaltecos no la necesitamos: debe ser porque en estos dos años solo Karinita y yo hemos venido…); salgo del aeropuerto a buscar a la persona que viene a encontrarme.

Al llegar al aeropuerto, busque una persona con el letrero “Experiment”. Pero si así decía el brief del voluntariado, y ahora no encuentro a nadie!! Bueno voy a probar del otro lado… Si, “Experiment” y Mr. Francisco Palomo, qué alivio!

- Hi! Good afternoon, I am Francisco Palomo.
- Hi! My name is Illknur Bulut. Welcome to Istanbul!

Después cuando vaya hablando con ella camino a mi “casa” en Üsküdar, me enteraré que Illknur significa “The first divine light”…

Buen comienzo…

____________________________________________________________________________________
¡Todo sobre Amor y Sexo!
La guía completa para tu vida en Mujer de Hoy.
http://mujerdehoy.telemundo.yahoo.com/

Reinvenciones

Ahora estoy cerca de la Place de la Concorde y al lado izquierdo de los Campos Eliseos.  "Citoyen du monde", me gusta esa expresión.  Tenía encendida la tele anoche sin poner atención a lo que transmitía la CNN.  Solo quería un poco de ruido en la habitación -¿Síntoma de soledad?-. 

Trataba de descansar, porque si hay algo que no recordaba es la extrema fatiga que da el estar caminando de un lado a otro.  En serio, es extenuante.  He despertado en Paris no antes de las 8:00 y por poco no cacho el desayuno en el hotel -aunque a decir verdad en la noche del viernes me dieron las dos de la mañana y no podía dormir.

Decía que en eso la CNN avisa de tormentas en Estambul -te ha pasado que estás dormido -según vos- pero oís algo que te trae inmediatamente de vuelta a la conciencia?  Pues así fue- y apenas vi las imágenes finales de un mar bastante bravo.

Entonces pasaron las temperaturas en Europa y veo que estamos como en 17° en Paris, 14° en Londres y ¿veintitantos? en Estambul.  Suspiro aliviado, pues el pronóstico del clima no se ve mal para mi itinerario -Estoy en Paris hasta mañana domingo cuando vuelvo a Londres y pasado mañana vuelo a Estambul.  Sonrío.

Recuerdo que el primer viaje internacional lo hice a San Pedro Sula en Honduras con mi papá.  Estábamos viendo las noticias en el hotel cuando pasan el estado del tiempo en México -recuerdo que fue el año de los Zapatistas y yo iba para el Pacífico mexicano- y opiné algo (no recuerdo qué, fue hace 14 años) y mi papá se sonrió y me dijo algo así como: "Bienvenido al mundo global".

Ah porque viajé en un barco de carga de gas desde Puerto Cortes a Coatzacoalcos en Veracruz y de ahí a Sto Tomás de Castilla; ¿No te había contado?  Fueron como diez días en que me reinventé como marinero.  Fue como ahora, que me inventaré que soy jardinero de parques municipales en Estambul -aunque en mi casa le pago a un señor para que haga el trabajo-; o como el año pasado que me reinventé como ambientalista en el lago Naivasha en Kenia.  O como también he inventado ser guía de ecoturismo en mi país y hemos conocido tantos rincones...   Vuelvo a sonreír.

Y sentado en esta banca, mi sonrisa es de agradecimiento por estas oportunidades.  Tómalo como quieras: si eres determinista puedes pensar que ya estaba escrito en las estrellas el que pudiera gozar de estos encuentros y viajes (que a decir verdad, me fascinan).  Y si no lo eres, entonces puedes pensar que a raíz de una beca en el colegio bilingûe pude aprender inglés, lo que llegado su tiempo me dió una ventaja comparativa a nivel de trabajo, lo que me llevó en última instancia a tomar decisiones en base a mis prioridades de vida.

¿Que te estoy aburriendo con estas reflexiones?  Perdon, solo estoy contando mis bendiciones.  ¿Ultimamente, te has sentado a contar las tuyas?  Compártelas conmigo, por favor.