5 Octubre 2008
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Me dió mucho gusto encontrarme contigo hoy, viejo amigo. Al principio no te reconocí –ahí sentado en tu banquito plástico con tu menuda estatura, tu indiferencia y fumando un cigarro (como casi todos aquí)-.
Pero talvez fue tu duro semblante o tu fruncido entrecejo el que te trajo de mi memoria. O tu facha de alguien a quien ya no importa lo que otros piensen, despojado ya de muchas de las preocupaciones mundanas y quien simplemente hace lo que la vida le pide, no mas.
Te diré que fuiste un poco rudo al principio –pero siempre fuiste así-. Veinte euros es mucho dinero. Desde que te vi pensé que tu ayuda cambiaría mi visita al Palacio Topkapı, le iba a poner, como bien me lo dijiste después, la sal y la pimienta. Entonces me decidí a regatearte el precio como es nuestra costumbre.
Después de un estira y encoge en que por un momento pensé en desistir, me alegró que finalmente cediste a mi oferta de YTL 30.00 con un indiferente “Acepto porque me entra pena de que no entiendas nada”. Ya lo sabía, puedes ser así de directo.
Primero tu estampa –me recordabas uno de aquellos viejos sabios que se hacen respetar por el tiempo vivido y lo aprendido-, luego tu actitud de tutor indiferente aunque paternal, tu escasa estatura que contrastaba con la fuerza de tu carácter. Y después tu conocimiento, el saberte dueño de tus dominios; tu orgullo por los tesoros ahí guardados; en fin un personaje en ti mismo.
Desde que entramos al palacio no desentonaste, cumpliste mis expectativas. De hecho, incluso antes de entrar. Me mostraste los tres sellos de la puerta del palacio –luego te explicaré su significado, pues tenemos solamente una hora y un poco mas para la visita-.
Luego fueron las grandes tinajas sembradas en el patio –ya me imaginaba yo, como típico turista, fotografiándolas sin tener la mínima idea de que esta era la forma en que los antiguos conservaban –enterrados- los perecederos, o el dinero (aunque estas en tinajas de bronce). Después la representación otomana de “El Uno”, el valor artístico de los azulejos, los mosaicos…
Varias veces me dijiste: En este salón encontrarás esto y aquello, trata de verlo lo más rápido que te sea posible para continuar la visita, preocupado por el poco tiempo que teníamos disponible para apreciar mas tesoros históricos.
La recamara del Sultán –oro por todas partes-, la Sala del Tesoro Imperial –increíbles lujos más allá de mi comprensión (diamantes, rubíes y esmeraldas gigantescas, tronos, coronas), simplemente demasiado-.
Recuerdo particularmente la forma en que tomaste la mejilla de la joven guardia para que nos permitiera entrar al mirador al Bósforo: ya estaban cerrando y no sabré nunca que le dijiste que la hizo sonreír y ceder. También tus recomendaciones para el cuarto de la circuncisión: Ve por las gradas y no te entretengas con la vista al canal, busca la puerta y entra rápido para ver el trabajo en los azulejos! Y no te preocupes, puedes tomar todas las fotos que quieras hasta que llegue la seguridad…
Ya no pudimos entrar a la sala en donde esta el bastón de Mahoma y no recuerdo que reliquias de Alejandro Magno y el Bautista. Pero como también me lo dijiste: te llevo como a un saltamontes, viendo esto y aquello.
Para mí, no hubo mejor forma de visitar el palacio, David. Escuché cada una de tus palabras y te seguí como se sigue a un patriarca, a un experto, a una autoridad. Pocas veces me he sentido así, abandonado a la fascinación de la sabiduría de años y una autoridad que simplemente no se puede poner en duda.
Creo que también ayudó que nuestra conversación fuera en Español –y en tu español bastante fluido-; la lengua primaria, la que después de todo fue con la que me habló mi madre por primera vez, la lengua con la cual me reconfortaba. Y la cual se vuelve ahora un norte al cual mirar en este mar de vocablos ininteligibles.
Salimos del palacio al anochecer. Te comenté por qué estaba en Estambul y te sorprendió un poco que estuviera viviendo en Üsküdar y con una local. Hasta me diste información de los orígenes étnicos y el posible acento de mi anfitriona, seguidos de un discreto: Pero no le digas nada, eh?
En suma, me has regalado dos horas de sabiduría, de conocimiento y mejor aun, de autoconocimiento.
Decidí acompañarte a recoger dos bancos plásticos que te llevarás a tu casa –preciadas posesiones de una vida simple: llegas al palacio a las 10:00, armas tu pequeño letrero: “Guía en Español – Guide en Francais”, te cuelgas otro en el cuello y te sientas en tu banco a fumar y esperar. Te jubilaste hace unos años y ahora trabajas por tu cuenta. Tus preocupaciones en el trabajo: que no te dañen los bancos mientras haces el tour, y brindarle al turista una visita enriquecedora.
Tomamos tus dos bancos rotos –me explicaste que el otro (el que esta en mejor estado) lo dejas recomendado, con una propina, con los guardias de la entrada- y bajamos la cuesta hacia el TRAM hablando de tu familia y de que te había gustado conocerme.
Al llegar a la calle, me preguntaste si iba por tu camino (vives cerca de Taksim, que es de donde venía yo hoy) y decidí no acompañarte.
Lo hice porque estaba sobrecogido por la emoción, por el sentimiento de haber encontrado –como pocas veces- aquella figura del abuelo que se me perdió cuando tenía siete u ocho años: al anciano sabio, fuerte, cariñoso -de una forma un tanto fría- y amante de la cultura. Pero a la vez desgarbado, pobre y perdido en esta vida. Aunque eso si, viviendo a un nivel, en un estadío mas alto que el resto de nosotros.
Simplemente no quise que la frágil fantasía que estaba viviendo se rompiera por cualquier motivo y la realidad me estropeara el momento. Por eso decidí no acompañarte.
Bajaste tu bolsa plástica con tus cosas, te devolví tus dos bancos y estrechaste mi mano firmemente; entonces bajé un poco la cabeza y te dije: Muchas gracias David; muchas gracias y mucho gusto.
Mientras caminábamos en sentido contrario, no supe que hacer con ese nudo en la garganta. Solo atiné volver a verte mientras te dirigías lento, pequeño y frágil hacia la estación, perdiéndote entre la gente.
Adiós David, que tu dios bendiga tus pasos. Adiós abuelo, te extraño mucho...
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4 Octubre 2008
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Çikiş
Salida. Primera palabra que aprendí en turco.
Digitürk
DirecTV turca
Ezan
Llamada a orar, 5 veces al día. Omnipresente a traes de los altavoces de las mezquitas. Impresionan sus matices que recuerdan costumbres milenarias y sagradas.
Hamam
Baño turco, muy comunes aquí (obvio). Espero ir hoy o mañana para compartir la experiencia. Llevaré mi propia toalla, usaré el jabón que me regalaron y abriré toda mi curiosidad a la experiencia.
Kahvalti
Huevos estrellados, rodajas de chorizo con especias, quesos de 3 variedades distintas, aceitunas, pan tipo baguette con jalea, te, uvas… ¿Qué mas se puede pedir para el desayuno?
Literalmente “algo que hacer antes del café”… no cabe duda que a los turcos les encanto el café cuando lo conocieron.
Lütfen
Por favor
Müslūman
De todo tipo, corriente, color y costumbres. Es algo como los católicos, hay fundamentalistas, moderados, liberales, etc. Esto significa que no se ve a todos corriendo a la mezquita en cada ezan, ni que las mujeres llevan todas la burka. Kamelya, por ejemplo, solo ayer fue la tercera vez que rezo en una mezquita –cuando visitamos Blue Mosque- y fuma y bebe como agnóstica.
Merhaba / Selam
Hola
Peştemal
Toalla para cubrirte las partes pudendas al estar en el baño turco
Raki
Licor turco con sabor a anís. Se toma mezclado con agua –porque es muy fuerte- y hielo. Menos mal no me dio goma.
Simit
Especie de dona pero mas grande y menos esponjosa –talvez pretzel? Con ajonjolí y un muy leve sabor dulce. Bueno y omnipresente en la calle -como nuestros shucos-.
Teşekkür ederim / Sağol
Muchas gracias / Gracias
Türk kahvesi
Café Turco, espesísimo y parecido en tamaño a un espresso, pero con mejor sabor.
Umut / Ümit
Esperanza
Yeni
Nuevo, nueva
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4 Octubre 2008
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Está cayendo la noche en Estambul y estoy sentado en una mesa fuera del café BUHARA, en el sector de Çemberlitaş (Chemberlitash), en la parte europea de la ciudad.
Pedí un kebap mixto –por una parte, no lograba decidirme con el menú y por otra así podré probar varias cosas a la vez-. Y una cerveza grande (Efes es la marca local).
Hoy fue la primera vez que salí por mi cuenta a Estambul, pues ayer Kamelya me trajo a conocer la ruta y anduvimos juntos por la tarde. Y aunque me ayudó mucho para la compra de ciertos souvenirs –especialmente para regatear los precios-, ya me hacía falta aventurar por mi mismo, tomar diferentes caminos solo por tomarlos (nomás porque si) y ver que encontrás del otro lado.
Y no depender de nadie. A pesar de la amable ayuda y cuidados que me han prodigado, eso es a la vez como una pequeña cadena que no te permite tomar decisiones propias. Y te corta la libertad de hacer lo que querrás e ir a donde querrás.
Como anoche, que jugaba el Fenerbahçe contra el Dynamo de Kiev por la Champions League, justo aquí. Y cuando me enteré me entusiasmé pues no todos los días se puede ver un partido de la Champions en el “infierno turco” (bueno, me parece que realmente llaman así al estadio del Galatasaray –otro equipo grande de Estambul-) pero se oye bien en el escrito.
Mi anfitriona iba a visitar una amiga –que finalmente llegó a la casa- y yo le pregunté:
- Kamelya, how possible is for me to go to the stadium?
Se me quedó mirando y luego me dijo:
- That will be dangerous, you can be lost or there could be violence…
Yo me quedé pensando que no podía ser mas malo que uno de aquellos partidos rojos-cremas del fut nacional, pero total que no pude ir. Y pensé también que a lo mejor no me convenía y que no todas las veces se puede hacer lo que uno quiere. Igual ahora que lo recuerdo, me quedé viendo el partido en la tele y fue un empate 0-0. Me hubiera aburrido.
Decía pues que estoy sentado en una mesa sobre la acera, rodeado de algunas macetas con arbolitos, aproximadamente a tres cuadras de la avenida principal (que es mi referencia para volver).
Todavía no se a que hora volveré a Üsküdar –las ventajas de la autonomía- pero me acabo de recordar de ver los horarios del ferry, tomando en cuenta que hoy es feriado (Ah, menos mal el último sale a las 22:00).
Porque para venir aquí, hay que bajar la calle que te lleva al “centro” de Üsküdar –donde están las estaciones de bus y de ferry-. De ahí, tomás el ferry hacia Eminönü (es preferible porque si vas en bus por los puentes -hay dos, Boğaziçi koprūsŭ y Fatih koprūsŭ- que conectan las partes europea y asiática de Estambul; generalmente te vas a tardar mucho tiempo porque están muy transitados).
Luego de bajarte del ferry, se camina hacia la estación del TRAM (tren de superficie que en alguna medida recuerda al transmetro –aunque este si es un tren-) pero la diferencia es su recorrido que en Guatemala sería como que pasara justo sobre la sexta avenida… así de cerca de los transeúntes).
Ya en el TRAM es fácil, luego de tres estaciones te bajas y ya estas en Sultanhamet, que es el sector donde esta Aya Sofya, la Blue Mosque, el Palacio de Topkapi –o sea, las principales atracciones turísticas-.
Para moverse en esos medios –ferry, TRAM- lo mejor es comprar un akbil (akilli – clever; bilet – ticket: smart ticket) que es una especie de llavero electrónico al que se le puede acreditar dinero y lo va debitando automáticamente cada vez que lo pegás a los molinetes de acceso. Es muy conveniente y me imagino que algo así van a implementar (o deberían hacerlo) en Guate para evitar el uso de efectivo en los buses.
La compra del akbil? Otra historia: mi anfitriona no usa de estos –prefiere andar en taxis pues ha hecho la elección de no comprar carro- y como hoy iba a andar solo lo primero antes de salir fue revisar mi checklist mental: el número de celular de Kamelya, mi billetera, dinero (YTL – nuevas liras turcas), mi guía de Estambul del Lonely Planet, calcetines grises para que no se ensucien tanto al entrar a la Blue Mosque –sí; tenés que quitarte los zapatos. Y las mujeres llevar velo si es a la hora del
rezo-.
Pues salí dispuesto a comprar dos cosas: una tarjeta de llamadas –tampoco tengo copia de la llave de la casa: el desamparo total! y esta me serviria para comunicarme con Kamelya y ponernos de acuerdo para regresar a la casa- y un akbil para poderme movilizar.
Después de dudar un poco en hacia donde encontrar el muelle desde el edificio de apartamentos donde vivo (el C-9) recordé una regla básica de supervivencia: "busca un lugar alto para tener un mejor panorama y ubicarte" –gracias a Bear Grylls y el programa “A prueba de todo”-.
Eso hice y efectivamente había tomado el camino correcto. Bajé hacia el muelle –diez minutos- recorriendo la misma ruta que hicimos con Kamelya ayer. Encontré los comercios de venta de revistas, chicles, periódicos –algo así como nuestros “chicleros” pero mas grande-; y a comprar la tarjeta telefónica:
Yo, viendo fijamente a la chica:
- Telefon card?
Mientras hacía la señal del teléfono con la mano –el pulgar y el meñique extendidos-. Entonces ella dice no se que en turco y me muestra dos tarjetas. Asumo que una es para llamadas locales y otra para internacionales, y le digo:
- For here!
señalando hacia el piso. Me da una similar a las de Telgua de allá –ya las había olvidado- y busco el precio en la tarjeta pero solo veo 50. Digo para mis adentros: "No puede ser! Muy cara." Y tratamos de comunicarnos con la chatía. Finalmente ella me dice:
- Three!
Y yo le muestro mis tres dedos de la mano derecha mientras ella asiente. Pago YTL 4.00 y me devuelve 50 centavos y todos contentos. Le pregunto si puedo usar en el ferry una tarjeta que me dejo Ilknur ayer y me dice “No. Buses” mientras señala la taquilla del ferry.
Voy para allá (pues entiendo que la tarjeta solo puede usarse en los buses) y luego de hacer la fila pido un token, por lo que la señorita me da una ficha y yo se la devuelvo diciendo:
- No, akbil, akbil!
Ella me responde:
- Bus station…
Aaah! Tengo que comprar el akbil en la estación de bus.
- Ok, thank you!
…pero y ahora, donde chingados está la estación?
Y camino del lado más cercano al muelle y no veo ninguna taquilla, solo casetas de “chicleros” turcos.
Hasta que menos mal encuentro un policía al que le pregunto:
- Do you speak English?
Y me bota la sensación de alivio con un “No, no…”
Pero entonces le muestro un billete de YTL 10.00 y le pregunto “akbil, akbil?” Y me muestra donde esta la estación de bus. Siiiiiiii…!!! Estamos hechos!
Compro el sufrido akbil –YTL 3.00 de depósito y YTL 3.00 acreditados- y me dirijo al muelle hacia Eminönü. Tomo fotos del ferry, de la vista al otro lado de la ciudad y me subo. Una gran felicidad me invade pues acabo de arreglármelas solo. Y otra sonrisa nace: Libre otra vez! Ahora: a ver mundo…!
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1 Octubre 2008
¿Por que Estambul? Me hicieron esa pregunta algunas veces y en otras solo levantaron la ceja, omitiéndola. La verdad es que no se. Simplemente me llama la atención.
¿Es que vengo a perseguir un recuerdo, o a construirlo? Y mi respuesta mas sincera a por que estoy aquí es esta: “It has been in my mind”; como le respondí a Agnieska mientras cenábamos en ese restaurante italiano en Londres.
Tengo este recuerdo –durante mi infancia, hace veinte o veinticinco anos- en que el Canal 11 de la televisión anunciaba la película “El Expreso a Estambul”. Y no se que conexiones metafísicas se enlazaron en mi vida, pero esa frase me quedó grabada.
Ahora tengo un poco mas de referencias, se llamaba originalmente así al tren de larga distancia que unía Paris con Estambul –ah! me queda justo para mi viaje-. Y es
también una novela de Graham Greene –en la que se basó la película que anunciaban en la tele-.
De todas maneras, con esta explicación no encuentro justificación a mi curiosidad. Pero me fastidia y me estorba escarbar un poco más, así que simplemente me quedo con ella.
Lo que realmente me interesa es esa dicotomía: ¿Será que estoy aquí conducido por ese recuerdo, por ese instante de mi vida temprana –y que después las cosas se facilitaron para venir-? ¿O será que es al revés, y ese recuerdo se me grabó porque de alguna manera esa instancia temprana de mí ya sabía que iba a venir? Mmmm.
Recuerdo la historia de las Mil y una noches que contaba Pérez de Antón en uno de sus escritos. ¿O se la habrá inventado? Porque ahora que lo pienso, no la encontré cuando compré el libro –aunque vale decir que era una selección de historias- y al final de cuentas ni lo leí. La historia se llamaba "El viaje a El Cairo" y era en resumen esta:
En alguna parte de Oriente Medio había un pastor que vivía cerca de una fuente. Un día se quedó dormido y se le apareció en sueños un genio que le dijo que debía abandonar todo, pues encontraría su fortuna en El Cairo.
Después de pensarlo por varios días, el pastor decide partir, abandonarlo todo y dirigirse a El Cairo; con tan mala suerte que es confundido con un delincuente y es cruelmente golpeado y llevado a la cárcel.
Lamentándose de su suerte, un día termina hablando con otro prisionero, quien le pregunta por la razón de su arresto. Al contarle la historia del genio, el prisionero se echa a reír y le dice: “Nunca le hagas caso a ese genio, a mi me dijo que la fortuna estaba enterrada cerca de una fuente”.
A pesar de que inicialmente nuestro protagonista no le pone atención a lo conversado, tiempo después se da cuenta del mensaje. Luego de ser liberado regresa a
su pueblo y a la fuente, donde efectivamente encuentra la fortuna que el genio le había señalado a su compañero de celda.
Como te podrás dar cuenta, el pastor no hubiese podido encontrar su fortuna de no haber sido por los sinsabores que tuvo que pasar; a pesar de que la tenía tan cerca. Y menos si no hubiese tenido la valentía de abandonarlo todo para buscar nuevos horizontes, nuevas ilusiones: otra vez la reinvención.
Personalmente esta historia me habla también de que a veces el camino a tu fortuna –a tu destino, pues- puede tener un sinnúmero de paradas; y no necesariamente encontrarás la respuesta en una sola. O es como decir que cada viaje, cada experiencia, es una pista más (o una pieza mas) para ir armando una larga –pero muy valiosa y necesaria- respuesta.
Y entonces está la metáfora de la vida como un viaje. Y pienso que a lo mejor no son sólo los destinos los que me interesan, no son sólo los lugares que visito.
Porque la magia está encerrada en cada rincón, en cada etapa, en cada parada, en cada persona. Y mi destino (y el tuyo) no serán más que la suma de nuestras acciones, de nuestras decisiones: la suma de nuestros pasos.
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30 Septiembre 2008
Ya estoy sentado en mi asiento 28B del avión que me llevará a Estambul. La cagué porque al ir en camino al aeropuerto en el metro me dije “Recordate de pedir aisle –pasillo- en el mostrador de la aerolínea-“.
Pero entre la búsqueda de la terminal 3, el sector C y averiguar si el mostrador de Turkish Airlines era solo para business o para cualquier localidad; y entre la presentación del pasaporte y la señorita amablemente diciéndome “There is some nice coffee in Guatemala; I used to work in Starbucks and we had some Guatemalan coffees” que francamente me agarró desprevenido, el recordatorio de pedir pasillo se fue simplemente por el “caño del olvido”.
Hoy desperté a las 4:20. Y a las 5:15. Y finalmente a las 6:20. Estaba un poco nervioso porque podía ser que no oyera el despertador y otro poco por estar en casa ajena, intentando pasar la mas desapercibido posible.
Llegué a la estación Victoria después de la ducha, la rasurada, el Metamucil y Lanzopral –valga la publicidad-, guardar lo que quedaba pendiente y salir a las 8:20 dándome cuenta que mis anfitriones ya habían salido de la casa. Y ni adiós les dije. Bueno, les dejé una nota porque igual voy a regresar a su “flat” en dos viernes; y mas me conviene mantener los “términos amistosos”.
De Victoria hay varias formas de llegar a Heathrow. Podes tomar la línea verde –District- que termina en Ealing Broadway. El problema con District es que tiene otras dos terminales: Richmond o Wimbledon, asi que tenés que estar atento. De Ealing Broadway te podes bajar en South Kensington, Earl’s Court o Acton Town –lo que yo hice- para tomar la línea azul –Picadilly- que termina en Heathrow Terminal 5 (pero con cuidado otra vez, Picadilly tiene también otra terminal: Uxsbridge).
Es más sencillo ver el mapa de las rutas del Underground –que por cierto veo y reviso varias veces antes de tomar el siguiente paso de la ruta- que leer esto. Aunque ya en el metro a veces se pierde uno entre Eastbound o Westbound –las terminales en uno u otro sentido de cada ruta-. Pero como sea, el metro es un sistema muy bueno, eficiente y rápido que buena falta nos hace. Aparte que es un elemento bastante “democratizador”, pues se ven personas de todos tipos, una mezcla interesante de diversidad (como los Skittles, de acuerdo con Naomi Klein en No Logo).
Llegas a Heathrow y las distancias que caminás –aunque sea en aquellas bandas sin fin que recuerdan a los supersónicos- y la cantidad de terminales, sectores y puertas te dan una idea de las dimensiones colosales del aeropuerto.
Después de dejar el maletín en el mostrador –decidí viajar solo con este y la mochila en lugar de la maleta grande (talvez mucho) que me prestaron-; desayune en un lugar de bagels, como para no olvidar el almuerzo semanal -al menos- en Guatemala. Me conecté 20 minutos al Internet y decidí entrar a la puerta de abordaje (la 9).
Lo primero que me llama la atención es el periódico –del cual no entiendo NADA- y que en la sala de espera hay muchos menos musulmanes (bueno, de hecho no hay ninguno) vestidos a la usanza tradicional, de acuerdo con nuestro estereotipo.
Y no es que lo estuviera esperando. Si hay algo de lo que hay que despojarte en estas situaciones es de estereotipos y prejuicios. Como el año pasado en Kenia, por ejemplo, cuando mi expectativa era un clima caluroso y estaba mas bien frío –o por lo menos fresco- y ventoso.
Al subir al avión, el viaje me arranca la primera sonrisa: Business esta cubierta de rosado!!! Las paredes, las cortinas, los asientos… Nunca había subido a un avión rosado… Mi sección en la clase económica –¿Dónde quedaron mis días en primera clase?- ya es mas “tradicional”, aunque las butacas sigan siendo verde con rosado.
Çikiş (‘chikish’ - salida): Primera palabra en turco que apunto. Ah! Y Salem (hola). Tuvalet (baño)… esa es importante; pero como se pronunciará? Ya le preguntaré a Kamelya.
Después de un viaje de tres horas, descender y hacer una fila considerable para la migración, bajar a saber que santos –o bueno, aquí aplicaría rezarle a Ala- para que no me enviaran de vuelta a pedir visa (menos mal no, los guatemaltecos no la necesitamos: debe ser porque en estos dos años solo Karinita y yo hemos venido…); salgo del aeropuerto a buscar a la persona que viene a encontrarme.
Al llegar al aeropuerto, busque una persona con el letrero “Experiment”. Pero si así decía el brief del voluntariado, y ahora no encuentro a nadie!! Bueno voy a probar del otro lado… Si, “Experiment” y Mr. Francisco Palomo, qué alivio!
- Hi! Good afternoon, I am Francisco Palomo.
- Hi! My name is Illknur Bulut. Welcome to Istanbul!
Después cuando vaya hablando con ella camino a mi “casa” en Üsküdar, me enteraré que Illknur significa “The first divine light”…
Buen comienzo…
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27 Septiembre 2008
Ahora estoy cerca de la Place de la Concorde y al lado izquierdo de los Campos Eliseos. "Citoyen du monde", me gusta esa expresión. Tenía encendida la tele anoche sin poner atención a lo que transmitía la CNN. Solo quería un poco de ruido en la habitación -¿Síntoma de soledad?-.
Trataba de descansar, porque si hay algo que no recordaba es la extrema fatiga que da el estar caminando de un lado a otro. En serio, es extenuante. He despertado en Paris no antes de las 8:00 y por poco no cacho el desayuno en el hotel -aunque a decir verdad en la noche del viernes me dieron las dos de la mañana y no podía dormir.
Decía que en eso la CNN avisa de tormentas en Estambul -te ha pasado que estás dormido -según vos- pero oís algo que te trae inmediatamente de vuelta a la conciencia? Pues así fue- y apenas vi las imágenes finales de un mar bastante bravo.
Entonces pasaron las temperaturas en Europa y veo que estamos como en 17° en Paris, 14° en Londres y ¿veintitantos? en Estambul. Suspiro aliviado, pues el pronóstico del clima no se ve mal para mi itinerario -Estoy en Paris hasta mañana domingo cuando vuelvo a Londres y pasado mañana vuelo a Estambul. Sonrío.
Recuerdo que el primer viaje internacional lo hice a San Pedro Sula en Honduras con mi papá. Estábamos viendo las noticias en el hotel cuando pasan el estado del tiempo en México -recuerdo que fue el año de los Zapatistas y yo iba para el Pacífico mexicano- y opiné algo (no recuerdo qué, fue hace 14 años) y mi papá se sonrió y me dijo algo así como: "Bienvenido al mundo global".
Ah porque viajé en un barco de carga de gas desde Puerto Cortes a Coatzacoalcos en Veracruz y de ahí a Sto Tomás de Castilla; ¿No te había contado? Fueron como diez días en que me reinventé como marinero. Fue como ahora, que me inventaré que soy jardinero de parques municipales en Estambul -aunque en mi casa le pago a un señor para que haga el trabajo-; o como el año pasado que me reinventé como ambientalista en el lago Naivasha en Kenia. O como también he inventado ser guía de ecoturismo en mi país y hemos conocido tantos rincones... Vuelvo a sonreír.
Y sentado en esta banca, mi sonrisa es de agradecimiento por estas oportunidades. Tómalo como quieras: si eres determinista puedes pensar que ya estaba escrito en las estrellas el que pudiera gozar de estos encuentros y viajes (que a decir verdad, me fascinan). Y si no lo eres, entonces puedes pensar que a raíz de una beca en el colegio bilingûe pude aprender inglés, lo que llegado su tiempo me dió una ventaja comparativa a nivel de trabajo, lo que me llevó en última instancia a tomar decisiones en base a mis prioridades de vida.
¿Que te estoy aburriendo con estas reflexiones? Perdon, solo estoy contando mis bendiciones. ¿Ultimamente, te has sentado a contar las tuyas? Compártelas conmigo, por favor.
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27 Septiembre 2008
26Sep - Museo Louvre
Entonces me doy el lujo de escribir en esta mesa de "Les cafes de la Pyramide" casi debajo de la famosa pirámide del Louvre a las 14:17. Respirar con tranquilidad, pensar que talvez fue un poco excesivo pedir ese pie de manzana después del club sandwich, la Heineken y el "pas petit" café -había olvidado lo pequeños que sirven el café aquí-.
Y da una sensación de ¿poder? el hacerse a un lado y contemplar como fluye la gente, como va y viene; como la chinita justo aquí abajo a mi izquierda busca en el mapa del museo algún punto de su interés, cómo sube las gradas hacia la salida una joven madre cargando a su rubio hijito, cómo hablan dos señoras mayores -muy posiblemente madre e hija-, y tantos otros con los que se podrían hilvanar historias.
Me viene a la mente "Al lado del camino" de Fito Paez:
"Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa.
Me gusta abrir los ojos y estar vivo..."
Me encanta esa canción.
Se me ocurre ahora revisar las fotos que he tomado -con la memoria que compré ayer- por si vuelve a fallar:
La cortina cerrada de mi cuarto de hotel con la minúscula tele arriba, la vista desde la ventana del cuarto (7° piso otra vez...), medio rostro de la máscara de V for Vendetta pintado por un ¿graffitero? en un depósito de basura camino al museo, los alrededores del área de acceso al Louvre, la pirámide de cristal, varias esculturas italianas -qué maestría para replicar la anatomía humana y para expresar movimiento y comportamiento en una piedra!-, varias pinturas de tamaños colosales, La Gioconda (para mi gusto demasiado lejana y asediada por su popularidad -justo como aquellas chavas en la secundaria-), las bodas de Canaan -el cuadro mas grande del museo-.
Me siento francamente afortunado de poder ver y apreciar todo esto. Aunque para apreciarlo se necesita educación -que yo no tengo- pero mucho me ha ayudado la guía interactiva (E 7.00 por una palm con mucha información dividida por obras de interés o itinerarios, etc.)
Si hay algo que me gusta de tener vacaciones, es la "facultad" que estas te dan de "parar" el mundo, cogerlo en tus manos, retomar aquella sensación de control sobre tu vida: levantarte a la hora que quieras, no hacer nada o hacer de todo, tomarte el tiempo de leer -o escribir- donde querrás, estar donde querés estar, observar, escuchar, sentir.
Se me ocurre que por unos días perdés esa sensación de "autómata" que en mi caso me lleva de la cama al periódico, del periódico al desayuno, del desayuno a la regadera, de la regadera a la rasurada, de la rasurada al carro y del carro al trabajo; todos los días. Eso no es vida! Pero igual hay que vivirla para poder tener momentos como estos.
"...la brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino
Mas no te asustes siempre se me pasa, es solo la intuición de mi destino.
...
Me gusta estar al lado del camino, me gusta sentirte a mi lado
Me gusta estar al lado del camino, dormirte cada noche entre mis brazos...".
Bueno ahora mejor continúo la visita porque ha aumentado el número de personas esperando mesas...
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27 Septiembre 2008
25Sep - 09:00
Abordé ya el Eurostar que de Londres (estación St. Pancras) me llevará a Paris (Gare du Nord) veinticinco minutos antes de partir.
Al entrar en la estación -y también al abordar el tren- me invade una gran alegría pues recuerdo que el año pasado, cuando ya había regresado de Europa vi en la revista Wired que el mes siguiente a mi regreso iban a inaugurar lo que sería la nueva estación del Eurostar en Londres -St. Pancras- y pensé: "Me hubiera gustado conocer ahí"; pues el viaje de Paris a Londres lo hice por ferry (a través del Canal de la Mancha). Y hoy esto me arranca una sonrisa casi infantil, porque menos de un año después lo pude hacer.
En varias formas el Eurostar parece un avión (el interior, los asientos, el espacio entre filas, etc.) pero tiene la ventaja de que no tenés que estar 2 horas antes en el aeropuerto (llegué menos de una hora antes de salir), ni tenés que quitarte los zapatos ni el cincho para pasar por los controles, lo que es un gran alivio. Y es bastante veloz: 40 minutos para llegar al canal y 40 en el túnel (no vamos mas rápido debido al incendio que hubo la semana pasada). Las desventajas son los constantes cambios de presión -que te tapan y destapan los oídos- en cada ingreso a un túnel.
Llegué a Paris alrededor de las 13:00 locales (12:00 de Londres, ya adelanté otra hora). Luego de dar vueltas un poco perdido en la Gare du Nord -que la verdad es bastante mas antigua y un poco mas descuidada que St. Pancras- ubiqué un cajero automático para sacar Euros y luego salí. Traté de ubicarme de acuerdo a la memoria que tenía del mapa hacia el hotel pero fue imposible.
En el tren puse de cabeza todos los mapas de mi guía Lonely Planet de Paris pero no pude dar con la calle del Grand Hotel de Turin -gran nombre para un hotel pequeño- y al final tuve que aceptar que estaba perdido y busqué un café internet para buscarlo y ubicarme.
Aunque el precio por hora de internet no es tan alto E 2.40, lo que me molesta es que las configuraciones regionales están en Francés y es un dolor typear -espero que mis lectores aprecien el esfuerzo =) -. Pero ya me estoy acostumbrando a que la A y la Q están intercambiadas, la Z está donde debería estar la W, la M donde usamos la Ñ, y asi...
A pesar de esto me animé a transcribir lo de las fotos -la publicación se está volviendo un vicio- y pude imprimir el famoso mapa. Al completar la hora y salir, solo invertí unos minutos en poner cara de turista -nunca mejor dicho- en dos esquinas y ya de ahí derechito al hotel.
Sentís un gran alivio al caminar -no muy seguro- y encontrarte con el nombre de la calle que corresponde de acuerdo al mapa, e irte dando cuenta que vas por el camino correcto hasta llegar a tu destino (en contraste con la sensación de desamparo anterior).
Asi, aparezco en la recepción del hotel bajando de mi mente todo el francés que soy capaz de recordar para decir
- J'ai une reservation
A lo que responde
- Quel est votre nom, monsieur?
Y al leer "Palomo" en su registro me dice: "En español está mejor?" Y yo que quería practicar mi francés me río y respondo "Oui! Yes! digo, Si..."
Su servicio fue muy bueno, me dió un mapa de Paris -el que te dan en todas partes- pero marcó los principales lugares de interés y algunas rutas de bus -aunque personalmente prefiero el metro pues ya lo conozco-. Subo por el ascensor (de clase aparte y que le da el toque al hotel: viejo -de aquellos que hay que jalar la puerta para abrirlos- y tan pequeño que no creo que quepan mas de 2 personas, aunque dice que es para tres).
Pues el ascensor demora lo mismo en subir cinco pisos que el de la torre en Londres para subir veintidós. Y subo por las gradas el piso que falta porque el ascensor, a pesar de que tiene el número 6, no llega hasta allí. Ah y me recuerdo entonces que los franceses al primer piso le llaman "rez-de-chausée", lo que significa que nuestro piso 2 es para ellos el primero.
Al entrar a mi habitación la encuentro francamente mas espaciosa de lo que eran mis expectativas -y lo que había leído en el internet- y me escucho decir "Bueno, llegué a mi casa". Me siento aliviado de tener ya un techo.
servido por footprints
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