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Footprints

4 Octubre 2008

Akbil

Está cayendo la noche en Estambul y estoy sentado en una mesa fuera del café BUHARA, en el sector de Çemberlitaş (Chemberlitash), en la parte europea de la ciudad.

 

Pedí un kebap mixto –por una parte, no lograba decidirme con el menú y por otra así podré probar varias cosas a la vez-.  Y una cerveza grande (Efes es la marca local).

 

Hoy fue la primera vez que salí por mi cuenta a Estambul, pues ayer Kamelya me trajo a conocer la ruta y anduvimos juntos por la tarde.  Y aunque me ayudó mucho para la compra de ciertos souvenirs –especialmente para regatear los precios-, ya me hacía falta aventurar por mi mismo, tomar diferentes caminos solo por tomarlos (nomás porque si) y ver que encontrás del otro lado.

 

Y no depender de nadie.  A pesar de la amable ayuda y cuidados que me han prodigado, eso es a la vez como una pequeña cadena que no te permite tomar decisiones propias.  Y te corta la libertad de hacer lo que querrás e ir a donde querrás.

 

Como anoche, que jugaba el Fenerbahçe contra el Dynamo de Kiev por la Champions League, justo aquí.  Y cuando me enteré me entusiasmé pues no todos los días se puede ver un partido de la Champions en el “infierno turco” (bueno, me parece que realmente llaman así al estadio del Galatasaray –otro equipo grande de Estambul-) pero se oye bien en el escrito.

 

Mi anfitriona iba a visitar una amiga –que finalmente llegó a la casa- y yo le pregunté:

-          Kamelya, how possible is for me to go to the stadium?

 

Se me quedó mirando y luego me dijo:

-          That will be dangerous, you can be lost or there could be violence…

 

Yo me quedé pensando que no podía ser mas malo que uno de aquellos partidos rojos-cremas del fut nacional, pero total que no pude ir.  Y pensé también que a lo mejor no me convenía y que no todas las veces se puede hacer lo que uno quiere.  Igual ahora que lo recuerdo, me quedé viendo el partido en la tele y fue un empate 0-0.  Me hubiera aburrido.

 

Decía pues que estoy sentado en una mesa sobre la acera, rodeado de algunas macetas con arbolitos, aproximadamente a tres cuadras de la avenida principal (que es mi referencia para volver).

 

Todavía no se a que hora volveré a Üsküdar –las ventajas de la autonomía- pero me acabo de recordar de ver los horarios del ferry, tomando en cuenta que hoy es feriado (Ah, menos mal el último sale a las 22:00).

 

Porque para venir aquí, hay que bajar la calle que te lleva al “centro” de Üsküdar –donde están las estaciones de bus y de ferry-.  De ahí, tomás el ferry hacia Eminönü (es preferible porque si vas en bus por los puentes -hay dos, Boğaziçi koprūsŭ y Fatih koprūsŭ- que conectan las partes europea y asiática de Estambul; generalmente te vas a tardar mucho tiempo porque están muy transitados).

 

Luego de bajarte del ferry, se camina hacia la estación del TRAM (tren de superficie que en alguna medida recuerda al transmetro –aunque este si es un tren-) pero la diferencia es su recorrido que en Guatemala sería como que pasara justo sobre la sexta avenida… así de cerca de los transeúntes).

 

Ya en el TRAM es fácil, luego de tres estaciones te bajas y ya estas en Sultanhamet, que es el sector donde esta Aya Sofya, la Blue Mosque, el Palacio de Topkapi –o sea, las principales atracciones turísticas-.

 

Para moverse en esos medios –ferry, TRAM- lo mejor es comprar un akbil (akilli – clever; bilet – ticket: smart ticket) que es una especie de llavero electrónico al que se le puede acreditar dinero y lo va debitando automáticamente cada vez que lo pegás a los molinetes de acceso.  Es muy conveniente y me imagino que algo así van a implementar (o deberían hacerlo) en Guate para evitar el uso de efectivo en los buses.

 

La compra del akbil?  Otra historia: mi anfitriona no usa de estos –prefiere andar en taxis pues ha hecho la elección de no comprar carro- y como hoy iba a andar solo lo primero antes de salir fue revisar mi checklist mental: el número de celular de Kamelya, mi billetera, dinero (YTL – nuevas liras turcas), mi guía de Estambul del Lonely Planet, calcetines grises para que no se ensucien tanto al entrar a la Blue Mosque –sí; tenés que quitarte los zapatos.  Y las mujeres llevar velo si es a la hora del
rezo-.

 

Pues salí dispuesto a comprar dos cosas: una tarjeta de llamadas –tampoco tengo copia de la llave de la casa: el desamparo total! y esta me serviria para comunicarme con Kamelya y ponernos de acuerdo para regresar a la casa- y un akbil para poderme movilizar.

 

Después de dudar un poco en hacia donde encontrar el muelle desde el edificio de apartamentos donde vivo (el C-9) recordé una regla básica de supervivencia: "busca un lugar alto para tener un mejor panorama y ubicarte" –gracias a Bear Grylls y el programa “A prueba de todo”-.

 

Eso hice y efectivamente había tomado el camino correcto.  Bajé hacia el muelle –diez minutos- recorriendo la misma ruta que hicimos con Kamelya ayer.  Encontré los comercios de venta de revistas, chicles, periódicos –algo así como nuestros “chicleros” pero mas grande-; y a comprar la tarjeta telefónica:

 

Yo, viendo fijamente a la chica:

-          Telefon card?

 

Mientras hacía la señal del teléfono con la mano –el pulgar y el meñique extendidos-.  Entonces ella dice no se que en turco y me muestra dos tarjetas.  Asumo que una es para llamadas locales y otra para internacionales, y le digo:

-          For here!

 

señalando hacia el piso.  Me da una similar a las de Telgua de allá –ya las había olvidado- y busco el precio en la tarjeta pero solo veo 50.  Digo para mis adentros: "No puede ser!  Muy cara."  Y tratamos de comunicarnos con la chatía.  Finalmente ella me dice:

-          Three!

 

Y yo le muestro mis tres dedos de la mano derecha mientras ella asiente.  Pago YTL 4.00 y me devuelve 50 centavos y todos contentos.  Le pregunto si puedo usar en el ferry una tarjeta que me dejo Ilknur ayer y me dice “No. Buses” mientras señala la taquilla del ferry.

 

Voy para allá (pues entiendo que la tarjeta solo puede usarse en los buses) y luego de hacer la fila pido un token, por lo que la señorita me da una ficha y yo se la devuelvo diciendo:

-          No, akbil, akbil!

 

Ella me responde:

-          Bus station…

 

Aaah! Tengo que comprar el akbil en la estación de bus.

-          Ok, thank you!

 

…pero y ahora, donde chingados está la estación?

 

Y camino del lado más cercano al muelle y no veo ninguna taquilla, solo casetas de “chicleros” turcos.

 

Hasta que menos mal encuentro un policía al que le pregunto:

-          Do you speak English?

 

Y me bota la sensación de alivio con un “No, no…”

 

Pero entonces le muestro un billete de YTL 10.00 y le pregunto “akbil, akbil?”  Y me muestra donde esta la estación de bus.  Siiiiiiii…!!!  Estamos hechos!

 

Compro el sufrido akbil –YTL 3.00 de depósito y YTL 3.00 acreditados- y me dirijo al muelle hacia Eminönü.  Tomo fotos del ferry, de la vista al otro lado de la ciudad y me subo.  Una gran felicidad me invade pues acabo de arreglármelas solo.  Y otra sonrisa nace: Libre otra vez!  Ahora: a ver mundo…!


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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Carla

Carla dijo

La verdad que después de tantos años de vivir uno sin depender de que alguien te de el itinerario o te limite (aunque sea con buenas intenciones) has de haberte sentido un poco prisionero, pero creo que esa experiencia te ayuda un poco a valorar mas la libertad e independencia que posees y que hemos logrado a lo largo de muchos años (ya casi 12) y es un logro muy grande.

No sé como es en Europa pero aca en Guatemala es rara la persona que decide valerse por sus propios medios, me causa gracia ya que justamente hoy fui a almorzar con un amigo que descubrio hace poco lo bien que puede manejarse uno solo y todas las experiencias y aventuras que uno va adquiriendo y atesorando porque nos vuelven mas libres cada dia.

Desplega tus alas y vuela conmigo; ya pensaremos mañana como hacemos para aterrizar

4 Octubre 2008 | 03:13 AM

Ximena

Ximena dijo

Ahh la libertad!! Está en todas esas cosas, en descifrar por nuestra cuenta el camino correcto, en estar perdidos y encontrar la salida por nosotros mismos, en decidir que así lo deseamos, en elegir que así lo haremos, y qué grande es la recompensa de sentirse, y sobre todo, de ser libre!

6 Octubre 2008 | 03:48 PM

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Este blog es mi primer intento de hallar una voz propia, y de paso luchar con el eterno (e inútil) dilema de dejar algo en este mundo; lo que tiene el mismo destino que las huellas que dejamos en la arena: la inmensidad del mar las borrará pronto.

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